sábado, 24 de febrero de 2018

Érase un vez en Rebis - 20. Érase una vez en Rebis: Volumen 2


Resumen de los capítulos anteriores: Tras la reunión con los hiliones, Sebastián empieza a contarle a César cómo se creó la estación espacial Rebis.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Si los ejercicios en gravedad cero eran siempre un fiasco, lo de aquel día había sido una verdadera tragedia, tan embotada tenía César la cabeza. Los instructores Flú y Mota tuvieron que salir tras él cuando rebotó con más fuerza de la necesaria contra la pared exterior de la estación, vagando durante unos angustiosos segundos hacia la bóveda celeste mientras aleteaba inútilmente con los brazos, a la manera de los personajes animados. Y encima no sabía qué responder al implacable interrogatorio al que lo sometía Julia desde esa mañana –«¿Cómo te fue ayer con el teniente Faro? ¿Qué es lo que quería? ¡NO TE HABRÁ CASTIGADO…!»–. Así las cosas, el que Samuel lo arrancase de clase con la excusa de un reconocimiento médico fue de agradecer.
Tras el escueto «Vamos chico» con el que lo saludó el teniente, César fue arrastrado hasta el último piso del edificio desde donde operaba Industrias Dimaco, hecho de solitarios pasillos de moquetas aspiradas a diario y timbres telefónicos tras las puertas de los despachos. En la última llamó Samuel con tres golpes, abriéndola sin esperar respuesta, para dejarlo a merced de un viejo dragón centinela con la apariencia de secretaria sexagenaria.
–¡Vamos chico! –le dijo la mujer embozando una apergaminada sonrisa–. Entra de una vez.
Sebastián lo esperaba parapetado tras una gran mesa de metacrilato transparente. Estaba sentado bajo una estampa enmarcada en plata en la que se podía ver una representación abstracta del Sistema Solar –quizás sólo fueran nueve circunferencias alineadas sobre fondo oscuro y sin más pretensión por parte del artista–, y desde el ventanal que ocupaba la pared a su derecha podía espiar los vaivenes de la animada calle comercial, metros abajo. Algunos archivadores, un juego de sillas y varias pantallas que emitían las noticias de la mañana con la voz silenciada, constituían la decoración de aquel despacho de aires minimalistas.
–Siento haberte llamado con tanta precipitación, pero me ha surgido algo importante para esta tarde y deseaba terminar lo que empezamos ayer. ¿Un zumo?
       
*        *        *

[…] El Gobierno español ha realizado una labor encomiable al proveer a nuestros hermanos más desfavorecidos de un puente seguro entre sus desdichados países y la estación espacial Rebis, un oasis en la frialdad del desierto cósmico que entre todos hemos plantado con nuestro corazón. El esfuerzo llevado a cabo, máxime en un momento tan difícil, ha sido considerable, y por ello le damos nuestra más sincera felicitación al Gobierno.

»AHORA BIEN. El partido al que representa el Sr. Olivé tiene que vérselas en este momento con una catástrofe que su escasa visión de futuro no supo predecir. El mundo tiene puestos los ojos en lo que está ocurriendo sobre sus cabezas y nos responsabiliza con razón, amenazando con intervenir si no somos capaces de encauzar los desgraciados acontecimientos ocurridos en Rebis, lo que sería nuestra deshonra. […]


El texto que palpitaba en la pantalla ante César narraba los sucesos ocurridos en Rebis décadas después de la firma de la Carta de San Lorenzo, el pacto mundial de no agresión, y hablaba del papel desempeñado por el general Prometeo Vigiles en el golpe de estado que culminó con la independencia de la estación.
–La victoria fue rápida –comenzó Sebastián la narración tras cerrar el archivo de texto–. Sin una amenaza nuclear que le diera sentido, Rebis no era más que una colonia multicultural casi olvidada por sus naciones madre. ¡Imagínate el sentimiento generalizado de desarraigo que emponzoñaba el corazón de sus habitantes! Y el general Vigiles supo canalizar ese descontento hacia la insurrección.
–Sus fundadores no se lo tuvieron que tomar nada bien –apuntó César tras un buche de zumo, encajando las nuevas piezas aportadas como un alumno aplicado.
–Poco pudieron hacer. Sin el apoyo de las unidades militares destacadas en Rebis, unidas al alzamiento, tuvieron que contentarse con firmar el Tratado en Atmósfera Cero, por el que cedían la estación a los rebeldes a cambio de protección contra un hipotético ataque nuclear.
–¿Y las grandes potencias?
–A esas poco les importaba quién tuviera las llaves del fuego atómico... siempre que les asegurara la validez de la Carta de San Lorenzo. Además, si cara al público mostraban su rechazo hacia la insurrección, de puertas para dentro felicitaban a Prometeo por haberles devuelto el engaño a aquellos gigantes con pies de barro. Ojo por ojo y demás. Y así, Prometeo Vigiles se declaró Primer Ministro de la naciente república de Rebis, dando comienzo al engaño en el que aún viven sus habitantes.
–¡¡¿PERDÓNNN…?!!
Sebastián apuntó al chico con el índice, haciéndolo callar, y en voz baja le preguntó:
–Como militar podrás decirme por qué casi el cincuenta por ciento de los rebisianos forman parte del ejército.
–Para defendernos del ataque de fuerzas invasoras y… –la respuesta fue inmediata, en ningún momento pensada, condicionado a salivar como el perro de Pávlov. César había repetido aquel himno en cientos de ocasiones durante su corta vida, la vista clavada en el holograma del libertador, pero nunca antes lo habían cortado a la mitad. Y eso era precisamente lo que Sebastián acababa de hacer, estampando la palma de la mano contra la mesa de metacrilato, ¡Plaf!, que se tornó blanca alrededor de los amoratados dedos.
–¡Mentiras! –rugió el empresario– ¡Engaños! Mira hijo, el problema de una rebelión no es ganarla, sino mantenerla, y la naciente república necesitaba un poderoso medio de vida que garantizara su subsistencia. Como militar que era, Prometeo buscó la solución en aquello que mejor conocía. ¿Qué podría ofrecer la estación a un planeta al borde de la sobrepoblación y con los recursos naturales agotados? Tras meditarlo concienzudamente, añadió una cláusula a la Carta de San Lorenzo para asegurar su continuidad... Y digo «asegurar» con todas las comillas que puedo dibujar con mis dedos, pues nunca fue su intensión atacar el planeta. Una cláusula por la que obtuvo en exclusiva la protección de las futuras colonias planetarias.
»Y esa es la razón de tan desbordante milicia –afirmó rotundo el presidente–; el principal soporte económico de Rebis es el alquiler de tropas mercenarias.
Aunque César deseaba parar aquel bulldozer que derribaba sin misericordia los cimientos de certidumbre que habían sustentado su vida hasta ese momento, un pálpito tras su ojo izquierdo le aseguraba la veracidad de todo lo dicho. Y así, sin obstáculos que sortear, Sebastián le explicó que Prometeo, perro viejo que era, no quiso exponerse a un golpe de estado como el que él mismo había protagonizado, dando forma al «Sistema», la bien engrasada maquinaria que privaba de consciencia a toda la milicia y, por extensión, al resto de habitantes de la estación.
–Desde pequeños se os ha enseñado a amar a la estación por encima de todas las cosas, revistiéndoos de una coraza de fe inquebrantable por la que siempre les seréis fiel; por la que acatáis sus decisiones sin dudar. «Unidos y libres por Rebis» –agregó con sarcasmo–. ¿No es ése vuestro lema? Un plan terriblemente diabólico… y de una efectividad espeluznante.
»Terminaría este cuento diciendo aquello de: «Y vivieron felices y comieron perdices», pero entonces no sería justo con todos los que han sufrido en sus carnes la ira del Sistema. Como le ocurrió a tu amigo Enrique.
–¿A Quique...?

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4 comentarios:

  1. Bien Bruno, al igual que César empezamos a entender la dimensión exacta de Rebis, y no deja de ser muy diferente a los entresijos de poder que siempre han marcado a las naciones de su madre Tierra. Entrevemos la influencia que ha tenido el gobierno español en los inicios de la estación, quizás la causa de que haya tantos nombres en nuestra lengua entre sus integrantes, y aparece ante nosotros un nuevo concepto entre las sombras, el Sistema, un elemento de control que ha de estar por fuerza muy bien hilvanado para que siendo la mitad de la población de Rebis milicias alquiladas al mejor postor, puedan mantener a la población en la ignorancia sobre lo que en realidad está sucediendo. Y nos quedamos con la incerteza de que es lo que sucede a quienes quebrantan el pacto de silencio, algo que supongo se nos revelará en el próximo capítulo.
    A medida que avanza la historia, y van ya 20 entregas, nos damos cuenta de la complejidad de la trama que has preparado para dar cuerpo a esta novela espacial, sin duda un trabajo titánico. Esperamos pues la siguiente entrega, pues esta nos deja con varias dudas abiertas. Un abrazo!

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    1. Buen análisis el que haces del capítulo 20 de mi space opera, Jorge, y te planteas una serie de preguntas a las que con gusto responderé. La noticia que lee César, es un extracto de un extracto (Qué trabalenguas, ¿No?), que pudimos ver en el capítulo 0, ya tan lejano en el tiempo, y del que aquí te dejo otro extracto "El grito de la independencia clama con fuerza desde Rebis, y para vergüenza propia comenzó en nuestro sector, extendiéndose como la peste por toda la rueda de la estación. El español, viejo como el tiempo y el honor, es ahora sinónimo de rebeldía, pues ha sido adoptado como lengua por los independentistas,...". Hay explico la razón de tantos nombres de origen español. La verdad es que la mayoría de mis relatos tienen base hispana, supongo que por ser lo que mejor conozco, y desde el principio quise una Guerra de las galaxias a la española.
      Respecto a ignorancia del pueblo rebisiano, se lo achaco a la comida de coco que tienen desde pequeño. Rebis es como una gran secta, y Prometeo Vigiles su fundador.
      En el siguiente capítulo veremos qué les sucede a los disidentes, aunque algunas pistas ya he dejado caer a lo largo del relato.
      Te espero en el próximo capítulo. Un fuerte abrazo, compañero.

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  2. Yo recalcó dos de los aspectos que señala el magnífico análisis de Jorge. La Hispanidad del relato, algo que casi hemos olvidado sumergidos en la vorágine del la acción y acostumbrados como estamos a leer en español. No hay que olvidar que nos estás narrando una epopeya a nivel planetario. Y por otro lado, esa metáfora de nuestra realidad tan bien armada. Como dice Jorge y que yo también te he dicho ya, el enorme trabajo que se evidencia tras la obra, debe hacer que te sientas muy orgulloso de ella. Y eso que, estoy seguro, todavía nos queda por disfrutar. Por mi, no hay problema, estoy disfrutando con su devenir. Además, todos estos entresijos políticos le dan a tu relato una candente actualidad. Te leo en el próximo compañero.
    Un fuerte abrazo

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    1. Un enorme trabajo, no te quepa la menor duda, Isidoro. Casi veinte años de idas y venidas a la idea de esta space opera a la española, con sus momentos álgidos y de sequía, que si no es por este blog y por vosotros, no estaría saliendo a la luz. Fíjate cómo será mi obsesión por ese toque español, que durante mucho tiempo lo subtitulé como "Una ópera del espacio", en vez de su forma inglesa, pero deseché la idea por su semejanza con "2001, una odisea del espacio".
      Mientras que sigáis acompañándome en esta aventura, Rebis tendrá su sentido, así que me pongo a retocar el próximo capítulo para tenerlo lo antes posible.
      Un abrazo enorme.

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