miércoles, 3 de mayo de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 10. Bocho, Los Suaves y el Kobayashi Maru


Resumen de los capítulos anteriores: El ejercicio con fuego real fue superado gracias a la alianza no esperada entre César y Benjamín. Pero los miembros del pentágono Sirio no contaban con el instructor Corbacho, que dio la victoria por nula alegando que habían hecho trampas.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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A Benjamín le volvía a sangrar la nariz. Con la culpabilidad tiñéndole de rojo las mejillas, Julia hurgó en todos y cada uno de los bolsillos del traje de combate que aún vestía, a la búsqueda de un pañuelo con el que parar la hemorragia de su compañero. Fue entonces cuando un ángel desaliñado acudió en su ayuda, ofreciéndoles un paquete de pañuelos sin desprecintar con tanta diligencia que rayaba el servilismo.
A Bocho, que tal era el nombre por el que respondía el vendedor ambulante, lo conocían desde que tenían uso de razón, siempre apostado en el mismo sitio de aquel mirador tras su mercancía de paquetes de pañuelos y periódicos locales colocados con esmero sobre una alfombra algo raída. Si bien el comercio sin licencia estaba prohibido en Rebis, las autoridades hacían la vista gorda con aquel vendedor de trato amable que no pocas veces rechazaba el cobro por sus servicios, como hizo en aquella ocasión, en la que volvió sin prisas a su puesto tras ignorar las monedas que Julia le tendía.
A decir verdad, no cobrar a sus clientes era una más de las peculiaridades de Bocho. Nunca aceptaba comida bajo el pretexto, jamás desagradecido, de ser pocas sus necesidades; nadie sabía dónde residía tras el toque de queda y, por encima de todo, estaban sus composiciones. Pues en ese hombre enjuto de piel cetrina, cabello peinado hacia atrás y barba exuberante, se encerraba un poeta autodidacta que entretenía las horas muertas recitando extraños versos surgidos de su imaginación y que, buenos o malos, a nadie dejaban indiferente:

Cosas que pasan;
perder, buscar,… condenar
a los hermanos.

Olvidada la desgarbada figura de Bocho, Julia taponó con cariño la nariz inflamada de Benjamín, susurrando con los ojos anegados un «Mi corazón le pertenece a otro» que al chico le dolió más que el propio puñetazo.
–He sido un idiota –dijo Ben con la boca seca, y sus pensamientos viajaron unos minutos hacia atrás en el tiempo, al momento en que intentó acallar la enésima disculpa de Julia con un beso que no fue correspondido, vergonzoso instante tras el que la nariz le empezó a sangrar de nuevo–. ¿Se lo has dicho ya a César?
–¿Cómo sabes que es él?
–¡Por favor! Puedo estar ciego para unas cosas, pero sé contra quién compito.
–Ben...
–No hace falta que digas nada, Julia. Te deseo lo mejor... Os deseo lo mejor.
»Ahora voy a la enfermería; a ver si pueden arreglarme este desastre.
–Voy contigo...
–¡No soy un bebé! –contestó Benjamín demasiado brusco, obligándose a contener el tono al ver la expresión asustada de Julia–. Estoy bien. En serio.
»Nos vemos mañana.

Han vuelto
desde lejos. Hermanos
nos destruirán.

Julia quedó en compañía de Bocho y de sus singulares versos. Rememoraba una y otra vez la conversación mantenida, a la búsqueda de unas palabras que mitigaran el dolor provocado, hasta que un grupo formado por el teniente Faro y media docena de soldados, a los que seguía un androide de carga clase Torito, llamó su atención. Al ver a Julia, Samuel detuvo la marcha, acercándose en solitario hasta la chica que, amedrentada, se cuadró con presteza.
–Julia, ¿verdad? Coincidimos esta mañana.
–Me acuerdo, Señor.
–Buen ejercicio el vuestro.
–Gracias. Lástima que el instructor Corbacho no pensara lo mismo.
«Junto al camino nunca digas no puedo más y aquí me quedo, y aquí me quedo...» –recitó el teniente Faro para sorpresa de Julia–. Como dice aquella canción que lleva tu nombre.
–¿Qué canción es esa? –preguntó interesada.
–Una muy antigua. Palabras para Julia, de Los Suaves sobre poema de Goytisolo –y tras unos segundos de vacilación, Samuel se apresuró a agregar un tanto alerta–. Aunque lo mejor será que nos olvidemos de ella.
»Buen ejercicio –repitió cambiando de tema, mirando en derredor a la búsqueda de alguien que pudiera estar escuchando–. Me recordó al Kobayashi Maru.
–¿Kobaqué...?
Kobayashi Maru. Star Trek, ya sabes.
»Kirk, Spock,... «Larga vida y prosperidad» –remató imitando el saludo vulcaniano, aunque Julia, a años-luz de la space opera, no comprendía nada–. En fin. El Kobayashi Maru era un ejercicio de victoria imposible al que se enfrentaban los cadetes de la Flota Estelar. Sólo Kirk pudo superarlo.
–¿Y cómo lo hizo?
–Reprogramó el ordenador antes de su tercer examen.
–Es decir –sentenció Julia–; hizo trampas.
–No. Pensó creativamente, como vosotros esta mañana –puntualizó Samuel guiñándole un ojo–. Y por eso he intercedido ante el instructor Corbacho para que dé la prueba por superada.
»Nos vemos.
Julia quedó de nuevo sola, paralizada, como si viviera un sueño del que temiera despertar al menor movimiento. Sólo cuando vio acercarse a César su cerebro consiguió asimilar las palabras del teniente, y hacia su amigo fue a todo correr, deseosa de contarle la buena noticia.
–¡César! Hemos pasado el ejercicio, gracias al teniente Faro –hablaba de forma atropellada, incomprensible para el recién llegado–. El Kobayashi Maru... Pensamiento creativo, ha dicho –y sin apenas pensarlo, estampó un cálido beso en los labios del sorprendido chico.
–¿Y esto? –logró preguntar César, realmente encantado.
–Dale las gracias a Ben.
César fue a replicar algo desagradable pero Julia se lo impidió con otro beso, éste largo y consciente, rotas por fin las barreras que la larga amistad había erigido. ¡Qué importancia podrían tener Ben, Corbacho o el Kobayashi Maru! En ese momento, para ellos sólo existía el cuerpo abrazado con fiebre adolescente, deleitándose con el perfume hecho de sudor, cuero engrasado y humo que el otro irradiaba.
–¿Y ahora qué? –se atrevió a preguntar César una vez pasado el arrebato.
–Sólo puedo asegurarte una cosa; ya nada me separará de ti.
»Yo te maldigo a ello.
El rugido de la sirena que indicaba el toque de queda ahogó sus últimas palabras. Tras un rápido beso, promesa de un futuro inmediato, los jóvenes partieron en dirección contraria, no sin antes despedirse del bueno de Bocho, que entretenía la recogida con otra de sus composiciones.

Una abeja
buscará néctar en
la flor cortada.

Esos versos se le clavaron a Julia en el corazón, como si le avisaran de una desgracia. La joven creía en las premoniciones en la misma medida que en los Reyes Magos, pero lo cierto era que un manto descorazonador había caído sobre ella, haciendo que trastabillara, del que no consiguió zafarse hasta que un clin procedente de su intercomunicador la trajo de vuelta a la realidad. «Te mando un canto a la esperanza, pero también de lucha contra la opresión. En Rebis hay quien no lo vería con buenos ojos. Tú decides qué hacer con él. SF», ponía la enigmática nota que se evaporó como un fantasma en la luz de la mañana, y con un ímpetu que a ella misma sorprendió, quién sabe si por eliminar los restos del malestar que la había atenazado o por desafío contra esa supuesta mano negra que planeaba sobre Rebis, Julia pulsó el icono que palpitaba en la bandeja de entrada, y sus oídos se llenaron de una melodía dura, metálica, base de unas palabras escritas para el aliento.

«Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable,
interminable...»

B.A.: 2.017



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6 comentarios:

  1. Vaya vaya, así que si no estoy equivocado el bueno de Samuel Faro es un elemento de la resistencia contra el gobierno de Rebis... Y parece que el destino de Julia se va encaminando hacia ese mismo destino, pero por qué optarán sus compañeros César y Benjamín?
    Veo que no te resistes a introducir elementos ochentescos en esta ópera futurista, me han arrancado una sonrisa las referencias a Los Suaves o Star Trek, así como el androide de clase Torito al que imagino como un híbrido entre R2D2 y el toro de las pipas Facundo jeje.
    Parece que la conspiración va tomando cuerpo poco a poco y los personajes que nos has ido presentando a lo largo de los últimos capítulos se van haciendo un hueco en la trama y enseñando sus cartas, aunque la evolución de la novela todavía es una incógnita.
    Por cierto muy buenos los diálogos Bruno. Un abrazo.

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    1. No es que haya una Resistencia, propiamente dicho, en Rebis, pero podemos decir que el grupo encabezado por Sebastián Canela y que tiene entre sus filas a Samuel Faro y a la hermana Constanza tienen algo que decir de lo que pasa en Rebis. Pero no adelantemos acontecimientos; si no te aburro, lo descubrirás en los próximos capítulos.
      Este capítulo es muy personal, como puedes ver. Siempre me ha emocionado el poema de Goytisolo con la música de Los Suaves, y me pareció idóneo como banda sonora para Julia y lo que le espera. Y aunque soy fiel seguidor de Star Wars, no dejo de lado a su directa competidora. Por cierto, interesante la imagen que has dado del androide, je, je, je.
      Gracias por serme fiel; es una historia muy larga y espero no aburrirte.
      Un abrazo, amigo.

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  2. Ja, ja... Se nota que es un capítulo personal, compañero. De esos que escribimos casi para nosotros mismos. Me ha traído muy buenos recuerdos, tanto por la música de los suaves (y ese vídeo que nos has regalado), como por las referencias a la mítica saga (yo también reconozco el valor de ambas para los que vivimos aquellos tiempos)
    También se nota que te has metido de lleno en una gran historia (se ve desde os primeros capítulos) en la que, como además los episodios son cortos (siguiendo tu pauta del límite de palabras, supongo)tienes que enganchar para tener continuidad. A los que amamos este género y disfrutamos con su lectura, cuantos más capítulos, mejor, je, je. Me recuerda mucho a esas grandes series de comic que seguíamos mes tras mes en revistas como la fenecidas "1984", y que no nos cansábamos de leer una y ora vez hasta que salía el próximo número. En fin, para mi un placer leerte y seguir las aventuras de Faro, Julia, Ben, César y todos los demás. Aparte, se van cruzando la relaciones, la trama se hace compleja y cada vez más interesante. Te veo en el próximo, amigo. Un fuerte abrazo

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    1. Como bien dices, amigo Isidoro, un capítulo muy personal. De esos que su un extraño lo leyera en voz alta nos haría sonrojar de vergüenza. Menos mal que podemos escondernos tras la cortina del ciberespacio, je, je, je.
      Pues sí, sigo con mi pauta de escribir relatos (capítulos) de menos de 1200 palabras. Es un buen ejercicio con el que elimino lo superfluo y me centro en lo que verdaderamente me interesa. Puedes llamarlo manía si quieres.
      En fin, me alegra que sigas enganchado a mi epopeya galáctica y te agradezco que la compares con revistas que tanto nos marcaron y a la que sin duda, sea consciente o inconscientemente, rendimos homenaje.
      Un abrazo, amigo.

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  3. Saludos, esa pauta escritora puede serte útil a la hora de enfocar una novela, es decir, usarla para las subdivisiones de los capítulos, así que es una buena herramienta si además te permite escribir de una forma más depurada.

    Bueno, tecnicismos al margen, un buen capítulo en el sentido de ir enlazando distintos personajes que hasta ahora poco tenían en común salvo estar en Rebis. ¡Un abrazo!

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    1. Como ya he comentado alguna vez, a veces me obliga a dejar cosas en el tintero electrónico, pero ha cambio consigo relatos (capítulos) no muy largos en extensión y libres de elementos superfluos.
      Seguimos adelante con Rebis. Un saludo, compañero José Carlos, y gracias por tu fidelidad.

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