viernes, 24 de febrero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 6. Constanza




Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis ocurren cosas de lo más normales, y así, nos encontramos a César Tirana, un joven con los problemas e inquietudes propios de la adolescencia, y a Nacho y Tina, una pareja de enamorados que disfruta de la estación abrazados por la cintura.
Pero también nos podemos encontrar situaciones tan extraordinarias como la defensa de Samuel Faro y sus hombres del hangar 335 o la llegada de una raza alienígena desde el lejano Hilión.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:


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Eolo se había tomado la noche libre. Quizás ayudaba al sinvergüenza de Zeus en una de sus cacerías, meciendo la lluvia dorada que sorprendía los sueños de alguna bella joven, o a lo mejor soplaba las copas que le pasaba Dionisio en alguna tabernucha de olor agrio. Sea como fuere, no corría nada de aire, y el denso olor de la mermelada de fresa, a cuya elaboración habían dedicado las hermanas la jornada, cubría la calle como un pesado manto.
Una alarma sacó a la superiora de la vigilia de rezos a la que había entregado la larga espera. Apagó el insistente aviso que surgía del receptor oculto en la Biblia que sujetaba entre sus manos y se levantó entumecida del reclinatorio tras santiguarse ante el crucifijo que presidía la celda.
–Llegó el momento –dijo una voz a sus espaldas. Constanza se giró hacia la anciana que había velado las horas junto a ella, bordando con sus marchitos dedos una nueva saya para el niño Jesús de Martínez Montañés que presidía el sagrario de la iglesia. Tras una última puntada, la monja miró a su joven sucesora, y una sonrisa de aliento le arrugó el rostro como una uva pasa.
–Constanza, la dura tarea que comencé hace tanto recae ahora sobre tus espaldas.
»Ve y llévate mi bendición.

*        *        *

La decoración de azulejos de la espadaña dormía a la espera de que la aurora volviera a arrancarle destellos de oro. Constanza aguardaba en la azotea más alta del convento, embriagada por el olor a fresas. Había abrochado sobre el hábito un chalequillo blanco de extraña confección, y de la misma factura eran las botas y los guantes que llevaba ajustados, así como la banda de dos dedos de grosor que le cubría la frente, arrugándole la toca.
Los elementos que le eran extraños empezaron a zumbar cuando sonaron tres campanadas. Al momento quedó encerrada en un haz de luz y sufrió una aceleración tan brutal hacia el cielo que creyó que iba a morir desmembrada. Quiso gritar, y no pudo; las lágrimas intentaron brotar, pero no corrieron por sus mejillas, y de pronto se encontró sobre una superficie color berenjena postrada ante dos humanoides. Entonces llegaron las lágrimas y el grito perdido resonó en la sala, aunque nadie de los presentes dio muestra de sorpresa.
–Bienvenida. Capitán DeArcos Bafa, para servirla –el individuo la superaba en una cabeza, aunque era el más bajo de los dos. Tendía solícito la mano para ayudarla a ponerse en pie, y hablaba un Zamenjoff lento y bien vocalizado, atento a la comprensión de su interlocutora menos versada en el idioma de Los Hermanos–. El viaje habrá sido molesto, pero es la cuota que debemos pagar por un desplazamiento tan satisfactorio.
Era fácil superar el malestar cuando había tanto que ver. Arropada por la calidez del capitán, Constanza paseó la mirada por aquel pequeño trozo de mundo extraterrestre –«Un… accidente», comentó Bafa al ver que examinaba curiosa la mesa holográfica destrozada–, hasta que el otro alienígena llamó su atención con una voz grave y desagradable.
–Muy interesante la moda terrícola. Pero creo que nuestro sistema de sujeción no… «le pega». ¿No lo dicen así?
Un ligero rubor cubrió la cara de la religiosa, consciente de lo ridícula que parecería ante los ojos alienígenas. Con absoluto decoro se despojó de los instrumentos que habían mantenido su cuerpo unido durante el violento viaje, y sólo cuando lució de nuevo, sin ningún tipo de contaminación, los severos ropajes de la orden a la que había entregado su vida, sintió que recuperaba la seguridad. Tenían tiempo hasta el próximo contacto, así que el capitán la tomó de nuevo de la mano y con un ademán que no admitía una negativa la invitó a sentarse en el sillón de mando, ignorando el silencioso reproche que les lanzaba DeAmiel Can por el exceso de familiaridad.
–Confieso que no sé cómo dirigirme a usted –le comentó Bafa a su invitada–: hermana, superiora, hermana superiora,...
–Llámeme Constanza –y ambos rieron, cómodos en la corriente de empatía establecida–. ¿Desea saber algo más?
–Si vuestro insignificante planeta merece nuestro esfuerzo, Constanza –importunó el ministro con desdén.
–Para usted «hermana superiora», si no le importa –se adelantó Constanza a la defensa del capitán; la vieja luchadora que velaba su regreso no le perdonaría el que un alienígena estirado la amedrentara–. En cuanto a su duda, no debe preocuparse.
»La Tierra estará a la altura de las circunstancias.
–¿Y usted también lo estará… hermana superiora? Tengo entendido que las hembras de su planeta carecen de ciertas… cualidades.
–¡Señor ministro, le prohíbo que vuelva a insultar a nuestra invitada…! –estalló Bafa, todo lo rojo que podía estar un hilión. Pero Constanza, en vez de sentirse molesta, dibujó en su rostro una mueca torcida que silenció los reproches de su protector. «Alienígena o terrícola –pensó la religiosa–, un hombre siempre será un hombre».
De nuevo el oficial de transporte se vio obligado a interrumpir. Eran tres los que ahora estaban inmersos en la pelea y la hembra terrícola también parecía peligrosa. Tenía lo que los hiliones llamaban «Religas»; agallas. Y allí estaba ella, pequeña y sola en un mundo extraño, plantándole cara al mismísimo ministro.
–En línea con el segundo punto de recogida, capitán.
»Cuando usted lo ordene.

*        *        *

–Nos han detectado cuando hemos bajado el escudo de silencio para la última recogida, y una escuadra de su «policía» –el ministro señaló la pantalla donde se movían unos puntos parpadeantes– se aproxima en formación de combate.
»Aún es pronto para dar a conocer la alianza de Los Hermanos al común de los terrícolas; ya llegará el momento de las palabras. Ahora debemos eliminar el peligro que nos acecha… hermana superiora. ¿Será capaz de ordenar la muerte de inocentes por el bien de la Causa o se esconderá tras su doble condición de hembra y religiosa?
–No le sigas el juego, Constanza –Samuel aún estaba aturdido. El avistamiento había ocurrido minutos después de que un aullido desgarrado anunciara su llegada, y no podía aguantar más las malas formas que el ministro desplegaba hacia su amiga–. Yo daré esa orden.
Constanza no respondió al instante. Tenía la cabeza gacha, los ojos cerrados y las manos entrelazadas, y cuando habló –«Una plegaria por ellos y un ruego de perdón para mí»–, lo hizo en un susurro que retumbó en la sala como un cañonazo.
–Operador… Fuego.
El pulso de energía arrastró cuanta materia y basura espacial halló en su camino, en el primer tsunami cósmico que conoció la humanidad; la destrucción de la flotilla fue total. Los fragmentos más pequeños de la escuadra se unieron a aquella fuerza desbocada que continuaría su avance hasta que un cuerpo mucho mayor parara la embestida, quedando atrás los trozos más pesados a modo de los restos de un naufragio.
–Capitán. Hermana superiora… He sido un completo necio –para sorpresa de todos, las palabras del ministro destilaban el más profundo de los respetos–. Me han demostrado que los terrícolas serán una fuerza útil para la Causa; les pido humildemente perdón.
»Tendrán detalles técnicos que tratar. Si me disculpan...
–Señor ministro. Llámeme Constanza, se lo ruego.
–Sólo si usted me llama DeAmiel.


B.A.: 2.017

9 comentarios:

  1. Vaya con la monja jaja, ni ha temblado para mandar que acabaran con esa pequeña flota. La trama continúa y es bueno que sigan co-existiendo distintos hilos narrativos, aunque tarde o temprano se junten.

    P.D: Quería recomendarte dos series del espacio que he visto últimamente. "The expanse" me recuerda un poco a tu Rebis por una gran conspiración que hay entre distintos planetas y estaciones, y para un divertimento más ligero está "Killjoys", ambas están entretenidas, no sé si las conocías pero espero que te gusten :)

    ¡Un abrazo y sigue así!

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    1. Una monja de cuidado, ¿no José Carlos? Je, je, je.
      Como bien dices, las historias siguen su curso, aunque tarde o temprano terminarán siendo una; espero no defraudaros.
      No conocía las series que me has recomendado, pero las buscaré para verlas. A lo mejor encuentro ideas para resolver alguna cuestión Espinosa.
      Un abrazo, amigo.

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  2. Oye, Bruno, esa talla de Martínez Montañés no habrá llegado hasta Rebis desde tu querida Sevilla, ¿no?, ja, ja

    Bueno, esto va tomando un cariz interesante (bueno, ya lo era desde el principio, pero ahora parece que la acción va en aumento) Supongo que, con Constanza en juego y por lo que dijiste en tus últimos comentarios, deben de estar ya todos (o casi) los personajes presentados. ¡Y menuda presentación la de esta última! Una hembra/mujer con redaños, capaz de enfrentarse cara a cara con esos prepotentes alienígenas ¡Y menuda la monjita! Que no pestañea a la hora de demostrar que los terrícolas (al menos la facción que ella representa) están más que preparados para asumir su alianza por la causa contra un enemigo común. Bueno, si he de ser sincero, creo que se me escapa algún dato, pero fruto de falta de memoria respecto a capítulos anteriores. Creo que voy a hacer un repaso. De todas formas, la trama es compleja y con varios frentes y seguro que, a medida que avance la historia, se me van a ir aclarando muchas dudas… Pero que conste que esto no es ningún “pero”, en absoluto. Me gustan estas tramas en la CiFi, y quédate tranquilo que voy a seguir con interés.

    Detalle curioso: me gusta el nombre de Constanza. De hecho, siguiendo con nuestra política de “coincidencias”, lo usé para un relato que tengo pendiente de publicación. Pero… tú has sido el primero, así que pienso cambiarlo… Será por nombres, ja, jaa

    Hasta el próximo capítulo, compañero. Un placer seguirte. Abrazo

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    1. Pues creo que has hecho un resumen de lo más completo, amigo Isidoro. Como decían en un sketch de Martes y Trece "Eres mi alumno más aventajado", je, je, je.
      Cuántas veces hemos hablado de esos pequeños detalles que enriquecen al relato ¿verdad amigo? Me pareció una buena imagen la de la vieja luchadora bordando una saya para un niño Jesús momentos antes de que su pupila fuera al encuentro de los aliados alienígenas. ¿Y ese olor a mermelada de fresas? Un pequeño homenaje al lugar donde me crié, para bien y para mal.
      Por cierto. ¿Por qué tienes que renunciar a un nombre tan bueno como Constanza? Úsalo, por favor; me gustará ver esa otra vida de nuestra monja guerrera.
      Un abrazo enorme, compañero.

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    2. De acuerdo Bruno, lo usaré. El relato tardará un poco en publicarse, pues antes van otros, pero cuando lo leas, te acordarás, je, je
      Un abrazo, compañero

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  3. Continúa la presentación de personajes y de tramas. Esta monja guerrera es un personaje potente y que además hace que el lector comience a plantearse cuál es el sistema organizativo o político de la Tierra. Esa orden de monjes son gobernantes? el brazo armado del gobierno? Imagino que lo descubriremos en las siguientes entregas. Desde luego se nota todo el trabajo creativo que has puesto sobre la mesa. ¡Un abrazo!

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    1. Estoy dándolo todo en este proyecto, amigo David. Lo llevo sobre mi espalda desde hace mucho tiempo, así que espero que el trabajo merezca la pena.
      Un abrazo.

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  4. Es la segunda vez si no recuerdo mal que aparecen las monjas conspiradoras en la trama, y en esta ocasión su papel va mucho más allá, involucrándose con una raza alienígena en alguna confabulación. Me pregunto si el hecho de que sean monjas es casual o hay algún tipo de fanatismo místico subyaciendo. Sea como fuere parece claro que la Orden va a dar mucho juego en la saga, al igual que los alienígenas que sin duda son un aliado poderoso o un enemigo temible. En algún momento habrán de tener su contrapunto.
    Te está quedando una serie interesante amigo Bruno, y es sólo el principio. Un saludo.

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    1. El hecho de que haya una orden religiosa involucrada se debe, sin lugar a dudas, a las historias y leyendas de los templarios y demás grupos de monjes guerreros que centró mi lectura durante la adolescencia. Después llegaría el boom de las novelas históricas y perdí el interés, aunque la semilla ya estaba plantada.
      Me alegro de que te parezca interesante esta aventura en la que estoy inmerso, y a la que tanto tiempo dedico.
      Un abrazo enorme, Jorge.

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