miércoles, 1 de febrero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 5. Aliens



Resumen de los capítulos anteriores: Tras conseguir repeler el ataque al hangar 335, Samuel Faro, con una refrescante naranjada en la mano, estudia con Sebastián Canela la posibilidad de que "Nelson" sea el responsable, llevándolos la conversación a reflexionar sobre la vida.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Las partículas de materia que bailaban la danza del olvido en el silencio del espacio, del tiempo y de la memoria, fueron reducidas a niveles infinitesimales al colisionar con la astronave alienígena en su viaje a la velocidad de la luz. El piloto ordenó la deceleración cuando alcanzaron lo que la cosmografía terrícola llamaba Marte, y el esbelto aparato recorrió en modo invisible el último tramo del corredor de vuelo que traía a los expedicionarios desde la lejana Hilión.
Los avances tecnológicos se hacían más evidentes con cada segundo de aproximación, siendo particularmente numerosos en el anillo artificial que circundaba el planeta por su línea de ecuador. «Un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad», pregonaba con pompa una de las primeras transmisiones captadas por los hiliones y el ministro DeAmiel Can, con la cita en la cabeza y los ojos en el «progreso» humano, se preguntó la razón de semejante orgullo.
Acostumbrado a hacer su voluntad, el ministro apartó con un ademán hosco al operador más cercano de la consola donde trabajaba, tomando el control de un satélite espía que observaba el discurrir de la vida en territorio enemigo, y a su contemplación se entregó DeAmiel Can, voyeur apostado tras las cortinas de las estrellas. Viendo a los terrícolas pulular como insectos gamorianos, el ministro sintió la necesidad de demostrar la superioridad de su raza y así, mediante parámetros obtenidos de estudios anteriores, dio comienzo una simulación tridimensional en la mesa holográfica que se hallaba a su espalda, donde la imagen tomada por el satélite empezó a ganar volumen; los rasgos se hicieron cada vez más pronunciados y las ropas adquirieron distintas caídas dependiendo del material con el que fueron confeccionadas.
Al contrario de lo que pasaba con los hiliones, todos ellos esbeltos, de pelo lacio, y piel blanquecina ligeramente violácea, la característica más relevante de los humanos era su heterogeneidad desbordada, pero lo que en verdad llamó la atención del ministro fue su falta de evolución. ¡Los terrícolas carecían del segundo pulgar! Identidad y orgullo del pueblo Hilión, este segundo pulgar oponible se hallaba colocado simétricamente respecto a su gemelo, permitiendo una mayor fuerza de agarre. En los pies, por contra, había quedado como mero apéndice sin vida que en ocasiones era necesario extirpar; pero de eso ningún hilión hablaría por voluntad propia.
DeAmiel Can rió, cruel, alisando una arruga inexistente del traje de asalto Ombato-D –con galones honoríficos de comandante– que le habían cortado a medida para la ocasión, asemejándose más al héroe de una película clásica que a las tropas que esperaban la orden de salida, las armas cargadas y los trajes remendados. El ministro posó de nuevo sus almendrados ojos en las imágenes que emitía la pantalla de la consola, marcando con los dedos el ritmo de una canción de moda que canturreaba por lo bajini, y en ese estado de profunda satisfacción se encontraba cuando el capitán DeArcos Bafa se acercó hasta él y con un único golpe de su bastón de mando redujo la mesa holográfica a astillas metálicas y gotas de cristal.
El ministro recuperó rápidamente su característico aplomo. «¿Por qué?», preguntó, la mirada puesta en los restos chisporroteantes de la mesa, a lo que el capitán Bafa compuso la más inocente de las sonrisas.
–¿Cómo dice usted? –las maneras ante todo.
–Le preguntó la razón por la que ha destrozado un valioso instrumento de la Armada, capitán Bafa.
–Molestaba a mi tripulación.
–Podría haberlo apagado.
–Los achaques de un viejo, sin duda –concluyó, señalando las canas que peinaba desde hacía tiempo.
–Sin duda…
»Los gastos correrán de su bolsillo.
–Por supuesto.
Únicamente el crujido del metal enfriándose perturbaba el silencio que había caído sobre la sala. Los miembros de la tripulación no osaban siquiera respirar, ignorando las pantallas que parpadeaban como niños pequeños en demanda de atención.
–No le gusto, ¿verdad, capitán?
–Son sus modales lo que no me gusta –le contestó tras una ojeada a su falso atuendo militar–. Y ahora he de añadir su falta de interés por esta misión.
–Créame cuando le digo que no es falta de interés –y lo dijo quedamente, para sí, la mirada perdida en el planeta nuboso que llenaba la pantalla. La amargura cruzó su cara como un latigazo y sus ojos se ahogaron en la película acuosa que luchaba por derramarse, las manos fuertemente cruzadas perdiendo color. «No quiero otro Plan 9 –se dijo–… aunque fue mi obligación». Y cada vez más amargura en su rostro y menos color en sus manos, como si con ello pudiera lavar la sangre de la que sólo él era responsable. «Este barco se hunde –se dijo el capitán, ajeno a los fantasmas que mantenía alienado al alienígena–Así es como uno pierde el cargo… o la cabeza», y entonces, igual que empezó, todo volvió a la normalidad. La conciencia ocupó su lugar exacto en el milimetrado mundo del ministro, que retó con la mirada a su compatriota a que comentara algo de lo ocurrido.
–Soy el Ministro de Alianza y Guerra.
»No quiero otro Plan 9.
«Así que era eso –al fin comprendió el anciano–. Lo siento mucho, amigo mío; no me gustaría estar en tu pellejo. Plan 9 de Control: Limpieza Preventiva. Pero el Plan 9 no sólo se limita a neutralizar al enemigo (ese es mi trabajo), sino a todo hombre, mujer y niño, desde la matrona al tendero de la esquina, que se encuentra cerca de un asentamiento rebelde. Se han dado pocos casos, y el último salió de su despacho, firmado de su puño y letra y lágrimas… y el planeta se llamaba Cauriene.
Los caurienitas elegidos para la Causa pronto la olvidaron por horizontes más cercanos, usando la potente tecnología que le entregamos en luchas tribales que por supuesto ganaron. La vuelta a la razón de los antes aliados fue imposible, así que se tuvo que tomar medidas drásticas antes de que se pusieran en nuestra contra. Y el ataque que tú ordenaste arrasó aquellas zonas que las pantallas teñían de violeta, la huella de los ingenios hiliones, y tus manos están ahora manchadas de rojo, o de verde, o de azul… o del color que tenga la sangre de los caurienitas.
No desprecias a los terrícolas, sino que los proteges con tu desprecio».
–Déles una oportunidad, señor –la súplica del capitán era sincera, lo que atrajo la atención del ministro–. Los humanos entienden a la perfección contra qué nos enfrentamos y su disposición hasta ahora hacia la Causa ha sido ejemplar; dominan a la perfección el Zamenjoff, el idioma de Los Hermanos, y han sido capaces de seguir los planos del motor DeBeson CaDei.
»No tendrá que ordenar otro Plan 9.
–Eso espero… por ellos.
Muy a su pesar, el oficial de transporte tuvo que acercarse a la pareja. Se cuadró ante ellos, ligeramente girado hacia el capitán –había que dejar claro a quien debía fidelidad–, y tras consultar los datos de su pantalla táctil, anunció con gravedad.
–Estamos alineados con el punto de recogida.
»La terrícola nos está esperando.
–Bien, capitán –dijo DeAmiel Can tras rendirse con un suspiro al alegato  de defensa del anciano–. Demos la bienvenida a nuestra invitada.


B.A.: 2.017



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10 comentarios:

  1. Tras la naranjada viene la macedonia de frutas con la incorporación de una raza alienígena jeje. Me ha hecho gracia imaginarlo con lo de la canción. Aunque luego se ha pasado al ver cómo se las gastaba el tipo en el pasado, radical radical. Bueno, a ver qué deparan próximos capítulos. ¡Un saludo Bruno!

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    1. Je, je, je. No van a estar los alienígenas pensando todo el día en invadirnos, digo yo. También tendrán tiempo para escuchar música o salir a pelar la pava con la novia.
      DeAmiel Can es un tipo de lo más peligroso, aunque como vemos tiene su pequeño corazón. Y le gusta la música como a cualquier hijo de vecino.
      Gracias por tu fidelidad, amigo José Carlos.
      Un abrazo.

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  2. Me ha parecido este uno de los capítulos más interesantes, que aunque sigues presentándonos una historia que se adivina larga y compleja, empieza a tomar algo más de cuerpo. Asombrosa la imaginación que demuestras para imaginar escenarios y detalles como la descripción de esta nueva raza alienígena o incluso el patrón que siguen con sus nombres, detalles pequeños que hacen más creíble todo lo que nos narras y que hablan mucho en favor del autor.
    Otro punto a destacar es como nos vas presentando a todos los personajes que intervienen en esta saga, prácticamente uno o dos por capítulo, para que vayamos familiarizándonos con ellos, si bien es verdad que por ahora cuesta recordarlos todos supongo que cada uno irá teniendo su papel y los iremos viendo más adelante.
    Nos dejas al final con la intriga de quien será ese misterioso personaje femenino que se dispone a subir a la nave extraterrestre, tendremos que esperar al próximo capítulo para desvelar el misterio.
    Un abrazo amigo Bruno.

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    1. Sé que os estoy pidiendo mucho, amigo Jorge; la trama es enredada y hay un número considerable de personajes, y por eso os estoy muy agradecido por la compañía que me estáis dando en esta aventura.
      Creo que el próximo personaje, esa terrícola de la que hablan los hiliones, será el último en importancia que presentaré. Habrá otros, pero serán secundarios, así que ya no me quedará más que hacer rodar la historia.
      Gracias por tus palabras, compañero; así da gusto trabajar.
      Un abrazo, amigo.

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  3. Estupendo capítulo. Me ha encantado ese guiño a la que la crítica califica como la peor película de la historia, Plan 9 del espacio exterior de Ed Wood. Que en cada capítulo aparezcan personajes distintos tiene la contra de que cuesta recordar dónde dejamos la historia, pero también tiene que puedes leerlos de forma independiente, conforme avance la narración creo que deberé hacer una lectura seguida de lo publicado. Un abrazo!

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    1. Me alegra que hayas cogido ese guiño a la llamada "peor película de la historia" (eso es que aún no existía Antena 3 o Telecinco con sus sesiones de cine de la tarde, je, je, je); yo la he visto, enganchado por la magnífica Ed Wood de Tim Burton, y tampoco me parece tan mala.
      Como ya he comentado a otros fieles lectores, reconozco que la diversidad de personajes y el tiempo que tardo entre un capítulo y otro, puede llevaros al despiste. Pero ya sólo me falta presentar un personaje importante... y alguna que otra sorpresa, por eso os agradezco vuestro esfuerzo.
      Un abrazo muy fuerte.

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  4. Empiezo a comprender lo ambicioso de tu proyecto, Bruno. Y digo que empiezo porque, a cada capítulo que leo, se amplía mi visión. Es como esos videojuegos de estrategia en los que, a medida que construyes se amplía tu territorio y tus posibilidades. Pues a medida que publicas, es como si fueses iluminando una fracción más de ese impresionante mundo que has creado. Llevamos cinco capítulos y sigue creciendo.

    O sea que, ¿DeAmiel Can es como la vieja del visillo?, escondida tras la cortinilla de su ojo de buey cotilleando nuestro (ejem) progreso… Muy bueno, ja, ja. Genial ese sentido del humor que impregna todo tu relato, compañero. Por cierto, algún día tienes que contarnos el mecanismo de creación de algunos de los nombres de tus personajes, eh. (Ya veo de donde viene el nombre del motor)

    ¿Un alienígena alienado?... Ja, ja, eres un crack amigo. Lo dicho, ese sentido del humor… Por cierto que, aunque esos alienígenas tengan dos pulgares, en muchas cosas no se diferencias demasiado de la raza humana, por lo que veo.

    Yo estoy con el resto de compañeros en que la trama compleja y el número de personajes, aparte de la complejidad del escenario que recreas con detalle, hace que cueste seguir el hilo. Pero creo también que mucho de ello se debe a la serialización. Son capítulos cortos, que dan poca información de cada vez. De esa forma, logras no aturullar con demasiados datos, pero se intensifica el efecto contrario: que se pierde continuidad. En todo caso, es super complicado aunar ambos aspectos. Cuando podamos leer la obra completa, no tendremos ese problema, je, je (supongo que te habrás planteado presentarla en formato integral al final) De momento, está muy bien que nos recuerdes algunos aspectos y nombres en el resumen inicial.

    A mí me gustan las series complejas, llenas de detalles, guiños, subtramas, personajes, etc. Porque puedes leértela veinte veces y cada una de ellas encuentras algo que habías pasado por alto. Encantado de seguirte. Espero el próximo capítulo. Un fuerte abrazo, Bruno

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    1. Amigo Isidoro, como siempre un placer leer un comentario tuyo; sin ellos, mis relatos se quedarían cojos.
      Pues sí, es un mundo complejo el que tengo en mi cabeza. Pero no desesperéis; ya sólo me queda un protagonista que presentar... y una sorpresa. A partir de ahí, sus caminos se entrelazarán, y la historia al fin podrá rodar libre.
      Como bien has comentado, me gusta el humor y los guiños (tú también lo prácticas, de forma magistral), pues con ellos quiero llamar la atención del lector, y hacerlo mi cómplice, esperando que al final del relato se le quede dibujada una sonrisa. Y, en cuanto a la "brevedad" de mis textos, creo que ya comenté alguna vez que escribo limitándome a la extensión de 1200 palabras; puede que en ocasiones me deje algo en el tintero, pero es un buen ejercicio para evitar los textos largos y redundantes, como esa trilogía cinematigráfica de el Hobbit que no he tenido cuerpo para ver.
      Algún día revelaré mi secreto para la creación de nombres. Algunos son evidentes, como el director Edu del bosque de la saga Zomblince, guiño (otro guiño, como puedes ver) al peor director de la historia, el gran Ed Wood. Otros nombres... ¡Ya lo iremos viendo! Je, je, je.
      Un saludo compañero. Nos vemos en la próxima historia.

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  5. Pues no sabía lo de las 12oo palabras... Jó, sí que eres meticuloso, pero ahora lo entiendo... Ah, yo tampoco he podido con la trilogía del Hobbit. Ya sabes, el interés comercial de alargar lo in-alargable. Es lo que tiene pensar que se puede aplicar la misma fórmula a una gran trilogía así concebida (El Señor de los Anillos) que a una novela de un solo tomo con una narrativa radicalmente distinta. En fin, ya sabes... Money, money
    Abrazos compañero, hasta pronto

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    1. Pues sí, Isidoro. Subo mis relatos a una página que se llama cortorelatos, que imponen esa longitud, y me he autoimpuesto esa meta en todos mis relatos. Un poco maniático, por supuesto, pero me satisface el resultado.
      Una curiosidad. Respecto a el Hobbit, leí la semana pasada que una fan había reducido la trilogía a dos horas y media, siguiendo con fidelidad el libro. ¿Qué pensará Peter Jackson?
      Un abrazo, amigo.

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