viernes, 20 de enero de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 4. Reflexiones ante una naranjada



Resumen de los capítulos anteriores: En la estación espacial Rebis, mientras Samuel Faro, miembro de una organización clandestina, debe defender los últimos componentes del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei de un ataque inesperado, Nacho y Tina, dos adolescentes que disfrutan de la tarde del viernes, serán testigos de un curioso acontecimiento.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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El agua le corría a Samuel por el caudal de los omóplatos. Tenía las manos apoyadas en la mampara de cristal, la cabeza laxa entre los brazos estirados, y a cada nuevo bip del programa, su cuerpo recibía una generosa dosis de antiinflamatorios en las zonas más castigadas. El guerrero, exhausto y dolorido, se dejaba hacer.


*        *        *

Tras la relajante sesión, vestido con un amplio mono que acentuaba su delgadez, Samuel tomó asiento ante Sebastián Canela, máximo responsable de la organización y presidente de Industrias Dimaco, su tapadera, que lo esperaba con un vaso de naranjada en la mano. Realizada con naranjas valencianas recién exprimidas, su sabor dulce y ligeramente ácido no podía compararse con los sucedáneos industriales del mercado, o con el zumo de las naranjas cultivadas en la estación bajo atmósfera artificial controlada, que daba a todos los productos rebisianos el mismo sabor insípido. Un capricho caro, sin duda, pero no todos los días había algo que celebrar.
–Ha sido duro. ¿Verdad? –entró Sebastián en materia tras entregarle a Samuel un vaso de zumo.
–La situación se puso fea cuando vimos descender aquel armatoste. Los enanos arreciaron el ataque al verlo aparecer, impidiéndonos concentrar el fuego sobre su blindaje, así que tuve que improvisar.
–Algo ingenioso, tengo entendido.
–Simple, diría yo. El cerebro de esas cosas se halla en medio de lo que podríamos llamar su caja torácica, así que me acerqué por la espalda mientras los hombres lo distraían y golpeé a esa altura con un martillo hidráulico hasta que lo convertí en papilla.
–Si a eso llamas simple
Los dos hombres rieron cómplices, compañeros de armas desde hacía mucho tiempo, y tras brindar por los hermanos caídos, ceniza a la ceniza, polvo al polvo, Sebastián hizo la pregunta del millón.
–¿Crees que ha sido el movimiento Sueño Artificial, como piensa la policía, o estamos ante un ataque de Nelson?
–Estaba muy mal organizado –reflexionó Samuel en voz alta–, lo que podría corroborar la teoría policial...
–Pero…
–No me cuadra, jefe. Sueño Artificial nunca había utilizado el terrorismo como medio de presión.
–Estoy al corriente –los pensamientos de Sebastián volaron hasta las pintadas con las que amanecía día tras día la estación–. Meros actos vandálicos, aunque puede que se trate de una facción más radical.
–Podría ser, pero eso no explica el que uno de los muelles atacados haya sido el nuestro, y en el momento del atraque de los contenedores; sólo en la zona vieja hay más de quinientos.
»No creo en las casualidades. Como tampoco usted.
«Es cierto», corroboró los ojos del viejo guerrero.
–Por otro lado –continuó Samuel–, si fue Nelson… ¿Por qué no ha usado todas sus fuerzas en vez de organizar esta chapuza?
–No sabría con exactitud dónde atacar y tuvo que probar otras posibilidades.
–Será eso...
Callaron ambos, pensativos. «Sueño Artificial es un movimiento por los derechos de los androides...», comentó Samuel tras unos minutos de silencio.
–Ya, ya,…
–En su último manifiesto exigían un salario para todos los trabajadores no-humanos de Rebis.
»Y un día de descanso cada dos semanas.
El presidente, cogido por sorpresa, se atragantó con el buche de zumo que acababa de dar, lanzando el líquido a través de los orificios nasales.
–¡¡Demonios!! –bramó mientras trataba de limpiar el desastre con los pañuelos de celulosa que le ofrecía su compañero entre carcajadas–. A este paso le voy a tener que pedir con buenos modales al destornillador eléctrico que me apriete las patillas de las gafas.
»No sé tú, pero yo pienso que nada creado artificialmente debe tener derechos.
–¿Y los cíborgs?
–El caso del cíborg es diferente. Es un hombre… ¡No, no me mires así!, un hombre con el cerebro plenamente desarrollado e intacto. En el pasado, si nos centramos en nuestra particular forma de vida, la pérdida de un miembro en Farsalia, Trafalgar, Valsequillo o Campo de Grillos se habría resuelto con un garfio o una pierna articulada; en la actualidad se utilizan las prótesis cibernéticas.
–No estoy en contra de la cibernética –a Samuel le ponía nervioso hablar de las trágicas consecuencias del arte de la guerra–; muchos compañeros vuelven a la lucha gracias a ella. Pero me niego a llamar hermano a algo con más tuercas que un monoplaza.
–Son humanos, aunque no te guste, pues reaccionan de manera natural ante los estímulos. No como esos androides de compañía que viven en el engaño de que son hombres, colapsándose al ver que no necesitan cortarse el pelo una vez al mes.
–¿Se refiere al amor?
–No necesariamente. Disfrutar de una obra de arte, del vuelo de un pájaro,... He visto un ciborg embelesado ante una gata que estaba amamantando a sus crías. ¿Acaso no es eso humano?
»Y ahora, amigo mío, te pregunto: ¿Desde cuándo no gozas de una de esas pequeñas satisfacciones de la vida? Te mueves porque tienes un trabajo que hacer, aunque en tus ojos leo que ya no te importa el resultado del proyecto Mundo Feliz. Vives programado, como un androide.
Un agrio telón se cernió sobre ellos. Sebastián se había dejado arrastrar por la pasión, y eso le enfurecía; era imprescindible que retomara las riendas de lo que debía ser una importante reunión de trabajo.
–Mmmmm… ¿Cómo se ha tomado la policía la defensa del hangar?
–Para cuando llegaron –respondió Samuel aún avinagrado–, ya habíamos llevado las cargas a los compartimentos ocultos. Han detenido a un par de compañeros heridos que declararán ser contrabandistas de armas; la mala fama del 335 ayudará a que se traguen el anzuelo. Me temo que pasarán varios años de prisión en Sísifo, aunque les proporcionaremos algunos nombres para negociar.
»He movilizado a las hermanas para que nos ayuden con la vigilancia.
–Perfecto. Y ahora te dejaré descansar –se levantaron de sus asientos, y Samuel acompañó al presidente hasta la puerta–. Mañana estudiaremos los informes de los analistas... Bonita planta. ¿Qué es?
Samuel desvió la mirada del frondoso ficus que contemplaba el presidente, incómodo ante aquella nueva violación de su privacidad.
–Una mascota virtual. Es un holograma que necesita todos los cuidados de una planta real…
»Era de Cristina.
Ahora fue Sebastián el que se sintió incómodo. Ignorante en todo momento de la organización y de Mundo Feliz, la vida secreta de Samuel envenenó de celos a la joven esposa; discusiones, infidelidad y abandono fueron los pasos naturales que llevaron al fin del matrimonio.
–No quiero hurgar en la herida, pero esto nos devuelve a la conversación anterior. Tras el divorcio, te has convertido en un muerto en vida… que cuida una vida muerta.
»Hazme caso. Ve a uno de los miradores y disfruta del cielo estrellado... ¡Siéntete de nuevo humano! –entonces hizo una pausa cargada de intención. Se contempló con inaudito interés los bordes de las uñas, y cuando de nuevo levantó la mirada, Hyde había apartado de un empujón al bueno del doctor–. No permitiré que mi mejor hombre sufra un colapso de identidad cuando menos lo esperemos.
»Antes de que eso suceda, y aunque no me guste, te sustituiré por la otra posibilidad.
Samuel fue ahora el que endureció las facciones; fijó la vista en el ficus y el odio más profundo inundó su ser.


B.A.: 2.017

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8 comentarios:

  1. Aquí hay un poco de calma antes de lo que las "hermanas" vayan a hacer, si hacen algo más que observar claro jeje. Teniendo en cuenta que yo daba ya por muerto a Samuel por la manera en que acababa el capítulo 2, ha sido una sorpresa ver que no fue ese su destino. Buena continuación, un saludo compañero.

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    1. El destino de Samuel aún no ha sido escrito, aunque tengo escritos que me dan una idea bastante clara de cuál será.
      Gracias por pasarte y comentar, amigo José Carlos.
      Un abrazo.

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  2. Me ha encantado eso de un muerto en vida que cuida vida muerta. Fantástica escena dialogada que permite conocer más a Samuel e introduce la cuestión ética que algún día deberemos plantearnos, cuando la cibernética forme parte del cuerpo humano ¿qué marcará la diferencia? ¿Hasta qué punto podremos considerar humano a alguien cuyo cuerpo sea robótico? ¿O al revés un androide al que se haya trasplantado una conciencia humana? Se nota en la historia todo el trabajo y conocimiento en este tipo de historias. Un abrazo!

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    1. Gracias David por regalarme unos minutos de tu vida. La verdad es que esta aventura en la que estoy inmerso es un trabajo muy personal, al que he dedicado y dedico parte de mi vida; espero que el resultado final merezca la pena.
      En cuanto a este capítulo, como puedes ver quiero ir más allá del fiu-fiu de las pistolas láser o de describir cómo vuela una astronave. Siempre me han gustado los diálogos (creo que se me dan bien), y utilizo esta conversación para ahondar en la vida de Samuel.
      Un abrazo, amigo.

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  3. Nos ofreces una trabajada conversación para proporcionarnos más información sobre lo que se trama en Rebis. Todavía no tenemos todos los cabos para hacernos una idea de lo que ocurre pero las cartas se van descubriendo poco a poco. Una cosa es cierta, sea lo que sea lo que se cuece, se mueve desde las altas esferas del poder Rebisiano y será un asunto de calado.
    No quiero despedirme sin destacar de nuevo la calidad de los diálogos, fluídos, creíbles y que no van directamente al grano sino que entrelazan aspectos de la vida personal de los protagonistas con los hechos acaecidos, como ocurriría en un diálogo real, realmente un buen trabajo. Nos vemos en el próximo capítulo. Un abrazo Bruno.

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    1. El asunto es de calado, amigo Jorge, más de lo que te puedes imaginar, je, je, je. En el próximo capítulo daré a conocer a dos nuevos personajes, y espero sorprenderos gratamente.
      Como ya he comentado en alguna ocasión, me gustan los diálogos, trabajándolos en algunos de mis relatos. Creo que se me dan bien, y me alegra que hayas disfrutado con el mantenido entre Samuel y Sebastián.
      Un placer tenerte por Rebis.

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  4. Hola Bruno
    Tanto tú, como yo, nos sentimos bastante atraídos por el tema de la IA, la cibernética y todas las posibilidades que plantea, como esa simbiosis máquina-consciencia... Un tema apasionante. La diferencia es que, mientras que yo me centro en la historia personal de unos pocos personajes, tú expandes todo un universo complejo en todos los sentidos. Un trabajo mimado y extenso que a buen seguro merecerá la pena leer de forma completa cuando hayas terminado de serializarlo pues hay detalles que, seguramente se nos escapen por ello. Algo inevitable por otra parte. Has hecho muy bien en incluir el resumen previo. El diálogo genial. Ciertamente, se te dan muy bien, lo hemos visto muchas veces, y no es algo fácil. Me ha gustado el detalle de la naranja, ja ja. Me gustan esos toques de cotidianeidad. Y, bueno, genial como resuelves la acción manejando el tiempo y los diálogos, desechando la secuencia lineal, recurso que a mi entender, demuestra la solvencia de un escritor y optimiza la narración: en mucho menos se dice mucho más
    Granda, Bruno. Hasta el próximo
    Un fuerte abrazo

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    1. Tienes toda la razón, amigo Isidoro. Reconozco que el tiempo que tardo entre capítulo y capítulo puede generar algún que otro contratiempo, como pérdida de detalles que para mí están más que claros, pero trabajo a conciencia, te lo puedo asegurar, intentando reducir el tiempo de subida.
      Me alegra que te hayan gustado mis diálogos, a los que dedico, junto a la elección de nombres que ya otras veces hemos comentado, gran parte del tiempo, mimándolos y retocándolos hasta la saciedad, y respecto a esa cotidianidad, ¿qué decirte que no hayamos comentado ya?. Me gusta traer lo extraordinario al día a día, a fin de que el lector se sienta identificado y atraído. Gracias por tus palabras.
      Un abrazo fuerte, compañero.

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